No enviados P.S.
 



 

 

Parecía que todos los medios estaban ahí para nosotros, que iba a ser muy fácil, que iba a ser casi suficiente. La promesa era que la distancia iba a desaparecer. Que ahora, por fin, íbamos a estar siempre juntos. No nos conocemos demasiado. Nunca llegas, nunca te marchas. Desde la primera llamada telefónica, desde el primer correo electrónico, todo empieza a quedar más claro. Versiones deformadas por la alta definición, resplandecemos en el rectángulo de la pantalla.
Habría que volverse a conectar con
el pulso en la muñeca
los pelos en el desagüe
el dolor de cabeza
los pies mojados
el corte en el dedo
el olor a detergente
las sábanas arrugadas
el descosido en el vestido
la cara hinchada
el abrigo prestado
la comida fría
el reloj sin pila
los cristales sucios
la mueca de aburrimiento
el vacío en el estómago
el roce de la camisa en la mejilla
Ya no hace falta tocar ni oler para saber que estamos. No hace falta nada. Me pongo a acumular palabras e imágenes en la carpeta de no enviados, las mantengo ahí, quietas y en silencio. Nunca envío nada porque ya no estoy tan segura de a quién me dirijo ni de quién se dirige a ti. Todo brilla demasiado. No puedo verte bien. No puedes adivinar la vulnerabilidad tras mi inmensa sonrisa perfecta.

It seemed that all means were there for us, that it was going to be very easy, to be almost enough. The promise was that the distance would disappear. That, now, finally, we would always be together. We do not know each other too much. You never come, you never leave. From the first phone call, from the first email, everything starts to become clearer. Versions deformed by high definition, we shine in the rectangle of the screen.
One would have to reconnect oneself to
the pulse at the wrist
hairs in the drain
the headache
wet feet
the cut in the finger
the smell of detergent
the wrinkled sheets
the burst seam in the dress
a swollen face
the lent coat
cold food
the clock without battery
dirty window panes
a grimace of boredom
emptiness in the stomach
the shirt rubbing the cheek
No touching or smelling is needed to know we are there. Nothing is needed. I start to accumulate words and images in the unsent folder, I keep them there, still and silent. I never send anything because I'm not so sure who I speak to or who is that speaks to you. Everything shines too much. I cannot see you well. You cannot figure the vulnerability behind my huge perfect smile.

2007