Never Ending Text
 


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Con el pretexto de elaborar un proyecto para la tesina de un master, se toma esa figura de Ludwig Wittgenstein que ha sido convertida en icono más allá de su significación como filósofo y se articula una metodología basada en el patrón de los deberes escolares. Se trabajan sus diarios personales como material cuyo valor marginal y anecdótico se resitúa como centralidad en un discurso más cercano a la irracionalidad y la contradicción que a una narrativa cerrada y lógica como el mismo autor intenta perseguir durante su vida hasta el paroxismo.
With the pretext of elaborating a project for the thesis of an MA program, the figure of Ludwig Wittgenstein is taken, the one that has been turned into an icon beyond its significance as a philosopher. A methodology based on the pattern of homework assignments is generated. His personal diaries are taken as a primary source, re-situating its alleged marginal and anecdotic value into a centrality, within a discourse closer to irrationality and contradiction than to a closed and logic narrative as the author himself tried to achieve during his life until paroxysm.

2010-2012

 

El otro nombre de Ludwig Wittgenstein

A pesar de que este escrito parte del uso del calificativo “romántico”, debe apuntarse desde el principio que su uso no pretende hacer referencia directa y estricta al movimiento cultural europeo de finales del XVIII, cuya definición según The Longman Dictionary of Literary Terms sería la siguiente:
1. An insistence on the value of nature, as opposed to the value of rationality and scientific inquiry: Romanticism posits a vision of nature and spirit shrouded in sublime mystery and therapeutic power. […]
2. An emphasis on the individual ego: Romantic figures postulate their own private being as a special entity transcending the normal run of humanity. […]
3. On the other hand, Romanticism is a sensibility of pure imagination, an attitude rendered clearly in the letters of Keats. […] To have a life of sensations rather than of thoughts is the height of inspiration.
4. In aesthetics, Romanticism takes the solitary creative imagination as the source of art. Art is primarily an expression of one person’s vision and experience, and tradition and authority are to be subordinated to the real lives of individuals and the transcendent scope of the artist.
5. In politics, Romanticism insists upon an egalitarian vision of society, despite its elevation of the artist-figure. The central political event of Romanticism is the French Revolution, which Romantics hailed as the downfall of aristocracy and the promise of democratic reform. […]
Su uso debe entenderse más bien como una derivación desde su contexto inicial a un espectro mucho más amplio e irregular propiciado por la cultura popular a partir del siglo XX y en lo que viene a denominarse también difusamente Postmodernidad. Visto desde esta perspectiva, lo romántico puede incluir una gran variedad de características, de las que participan campos tan diversos como la música pop, la publicidad, el cine, los video clips, la moda o la literatura gráfica.
Si Romanticismo es dionisiaco y se opone a apolíneo, podemos decir que la Postmodernidad se acerca más al primero, y es en este contexto donde la relectura en clave icónica y mítica tiene un sentido para nosotros y nos interpela. Después de la extinción de los grandes metarrelatos ilustrados, lo postmoderno rescata y reelabora en un mosaico de fragmentos, alusiones, parecidos de familia (cómo no) y creación de micro-narrativas aquellos elementos problemáticos y disfuncionales que no acabaron nunca de encajar en el puzzle cultural, resaltando y celebrando sus faultlines más que buscando una superficie plana y homogénea sobre la que construir de nuevo. Es en este panorama de ruinas en las que se asienta una posible relectura de Ludwig Wittgenstein como icono postmoderno, en la que sus logros en el campo de la lógica, antes aún de la ingeniería, y su personalidad estrictamente intelectual, ceden ante la fascinación romántica que emana su persona. Que nos emana a nosotros, que podemos leerle desde este prisma, con los cristales rotos que multiplican la imagen en el visor. Desde el presente nos llama la contradicción, la emoción que se intuye bajo la gruesa capa de racionalidad, el misterio de las palabras mesiánicas que tanto se echan de menos, la imagen física que proyectan las viejas fotografías en blanco y negro (con la eterna atracción que ejerce el primer plano de un rostro humano), las misiones imposibles en general.
Dado este matiz en relación a la utilización del adjetivo en cuestión, es importante sin embargo volver a lo canónico por un momento para situar en el tiempo a Wittgenstein y al movimiento alemán. Buscando conexiones históricas entre el Romanticismo y Wittgenstein se da con un artículo de M. W. Rowe aparecido en la revista Philosophy publicada por la Universidad de Cambridge en 1994, titulado Wittgenstein’s Romantic inheritance. El artículo nos ofrece un valioso punto de partida histórico para vincular a Wittgenstein con lo romántico y más allá, con la estela religiosa (punto éste fundamental para entrar en el concepto de misticismo en Wittgenstein).
Alude Rowe a que el problema central del Romanticismo alemán es cómo restañar la herida que provoca la fractura entre la Naturaleza y la experiencia del individuo. Se creía que dicha fractura había sido causada al utilizar el pensamiento analítico en la relación del hombre con el mundo, así como por el auge de la física, que dividía el mundo en sujetos cartesianos por un lado y materia por otro.
Tres de los más importantes representantes del movimiento romántico, Hölderlin, Schelling y Hegel, se conocieron como estudiantes de teología en Tubingen a finales del XVIII. Precisamente esta formación les indujo a concebir este problema en términos de caída y redención. Según este patrón, la unidad original del hombre y la naturaleza corresponde al Edén, los intentos por analizar son el pecado original, la separación del hombre consigo mismo, con la naturaleza y la sociedad es la caída, de la que solo una filosofía superior será capaz de salvarle. De la misma manera, esas raíces teológicas hacían sí que la forma de expresar sus puntos de vista a la hora de ponerlo por escrito fuera la autobiografía espiritual cristiana. De hecho, muchas de las características que se encuentran en las Confesiones de San Agustín pueden encontrarse también en Hegel, esto es, la narración subjetiva, el diálogo interior y el proceso hacia la trascendencia de uno mismo. Cita Rowe directamente a Wittgenstein para hacer notar que su sospecha hacia la ciencia es característicamente romántica: “No es absurdo creer que la era de la ciencia y la tecnología es el comienzo del fin de la humanidad; que … no hay nada bueno o deseable en el conocimiento científico y que la humanidad, en buscarlo, está cayendo en una trampa….”; “Casi todos mis escritos son conversaciones privadas conmigo mismo. Cosas que me digo tête-à-tête”.
En las Investigaciones filosóficas se ve plasmado el patrón mencionado de la voluntad de la consecución de la paz en la búsqueda de la unidad con el mundo: de hecho, el fin de la filosofía no es teoría o comprensión sino paz: “El verdadero descubrimiento es el que me hace capaz de parar de filosofar, el que da paz a la filosofía para que uno deje de estar atormentado por las cuestiones que se presentan…”. “Pensamientos en paz. Esto es lo que el que filosofa persigue.” La concepción del método filosófico queda muy cerca de la concepción de Wittgenstein del cristianismo: ambos describen, no teorizan, y ambos apuntan no a un fin trascendental sino a una visión clara del mundo.
Como el filósofo romántico, Wittgenstein solo está interesado en comunicar su visión del mundo natural, y por ello se ve a sí mismo no como un metafísico o un teólogo sino como un artista: “Las cosas están ante tus ojos, no cubiertas por velo alguno – aquí es donde arte y religión se separan”. Esta idea sobrevuela continuamente el ámbito en el que Wittgenstein circunscribe su trabajo. En el prefacio a las Investigaciones filosóficas describe su trabajo como solo “un álbum” de “bocetos”; “Todo lo que se cruza en mi camino se convierte en una imagen”; “Después de todo lo que soy es un pintor, a menudo uno muy malo además”; “Creo que he resumido mi actitud hacia la filosofía cuando digo que ésta debería escribirse solo como una composición poética.” Rowe entra de lleno en literatura al hacer referencia al subgénero de la novela iniciática del Romanticismo, el Bildungsroman, en la que queda patente la metáfora del viaje, a menudo un viaje circular, en una experiencia de educación y auto-descubrimiento. De hecho, son muchos los paralelismos entre Wittgenstein y Goethe en cuanto a metáforas relacionadas con las tentaciones que se le presentan al hombre en falsas imágenes y “construcciones de niebla” y que debe vencer para llegar a una visualización clara de las cosas. De hecho, para Wittgenstein suponer que palabras como “ser” o “realidad” hacen referencia a cosas mayores que las que comúnmente se entienden por ellas es en sí misma una de las más tentadoras ilusiones de la filosofía.
Tal y como aparece en la tradición confesional religiosa, en Wittgenstein se encuentra una conexión entre la vida y la obra, la confesión y la explicación. Recurre Rowe a una carta enviada a su amigo Paul Engelmann en 1920, en la que Wittgenstein apunta: “… He emprendido una especie de “confesión”, en la que he intentado rememorar una serie de eventos en mi vida, en todo detalle posible durante una hora. Con cada acontecimiento intentaba aclararme cómo debería haber actuado. Mediante esta panorámica la imagen confusa se simplificó mucho. Al día siguiente según este nuevo conocimiento revisé mis planes e intenciones para el futuro.” La filosofía para Wittgenstein es una extensión natural de este proceso: “nadie puede decir la verdad si no se ha conocido a sí mismo”; “Trabajar en filosofía es realmente un trabajo con uno mismo. La interpretación de uno mismo. Su propia manera de ver las cosas.” Este uso de técnicas confesionales en filosofía apunta a conseguir no una teoría o hipótesis sino, en las propias palabras de Goethe, un Übersichtliche Darstellung.
En la tradición científica de la filosofía, como en el caso de Russell, su gran amigo-oponente con el que mantuvo una tormentosa relación durante años, el conocimiento científico es una red de proposiciones verdaderas sostenidas por un argumento. Sobre este entendimiento, el interés biográfico por un filósofo es como mucho algo suplementario a su filosofía, y como malo un cotilleo trivial y anecdótico. En la tradición confesional, por el contrario, la visión personal, la transformación interior, lo es todo. Cualquier cosa que pueda permitirnos una conexión y empatía es filosóficamente valiosa, y tal y como Wittgenstein subrayaba en sus Lectures on Aesthetics, esto será a menudo información sobre el contexto del escritor y su cultura. Es por tanto un error lamentar que la personalidad de Wittgenstein y su estilo de pensar hayan tenido tanto impacto en los que le han leído, o que su vida haya ejercido tanta fascinación. Lejos de distraernos de su filosofía, nos ayuda a situar su verdadero centro.
Y en este centro, un puntal determinante es su producción textual privada. Dando por supuesto que los escritos teóricos de Wittgenstein son una fuente no sólo de material intelectual sino de consideraciones sobre su época, su trascendencia en el devenir de la cultura en Occidente y también sobre su persona, tal y como hemos visto, el foco del presente escrito es sin embargo la producción textual considerada como marginal por sus herederos y curadores de su legado, llegando hasta el punto de ocultar a la opinión pública durante años mucha de esa producción. Son de hecho los diarios de Wittgenstein los que constituyen una auténtica colección de aforismos, a menudo nacidos de la desesperación y la soledad, que pueden entenderse como la producción puramente literaria, poética pudiera decirse, y lo que por tanto le convierte instantáneamente en el artista que él mismo intuía ser, entroncando con la tradición romántica y desmarcándose una vez más de los patrones académicos y sociales establecidos. 
Son los diarios donde mejor se aprecia la tesis expuesta hasta el momento de la investigación filosófica unida a e inextricable de la producción denominada confesional, esto es, diarios personales. En ellos Wittgenstein se desahoga, relata los acontecimientos de su vida, se analiza, se exige, se lamenta, recuerda, cita, y en todo ello elabora poco a poco su producción teórica. Pero lo que una lectura interesada ve en ellos también es la expresión más tangible de un intelectual al que le trasciende la propia fascinación que él mismo ejerce en los demás, es decir, no él sino su persona. No puede saberse qué pensaría Wittgenstein al verse convertido en una especie de icono de lo que se ha venido en llamar contemporaneidad y/o postmodernidad, si lo consideraría una frivolidad más de la sociedad del consumo que no llegó a ver en su máximo apogeo y maldeciría que se dejara en segundo plano todos sus esfuerzos en establecer avances de gran calado en el campo de la lógica. El fracaso racional construye el aura de lo imposible, con su irresistible belleza. Es difícil abandonar este filón, pensar en Wittgenstein y centrarse en las formulaciones lógicas.
Acercarse a Wittgenstein directamente a través de sus diarios, procurando dejar de lado los detalles de su biografía y más aún sus escritos teóricos, supone seguramente una reducción, pero constituye a la vez una auténtica experiencia estética, en la que los mecanismos que van a ponerse en funcionamiento serán los de la evocación, las relaciones, las percepciones sensoriales y demás gestos intuitivos, como la primera vez que se está ante una obra de arte de la que se desconoce su contexto histórico, la corriente en la que se inscribe su autor y su técnica. Hay que prepararse para un salto al vacío, con todo lo que ello comporta.
Una de las primeras cosas que se observan al comenzar la lectura de los diarios son las continuas referencias a Dios. En un total de 133 veces se repite la palabra “Dios” y se leen exclamaciones como “¡Que Dios me ayude!”; “¡Que Dios me dé fuerzas!”; “Dios sea conmigo”; ¡Dios está conmigo!”; “¡¡¡Dios me asista!!!”; “¡¡¡Que Dios me dé razón y fuerza!!!”; “No olvidarse de Dios, es lo único.” En un primer momento es éste un elemento que choca con la concepción del lógico que podría tenerse en mente. Que en unos escritos totalmente personales e íntimos se revele como una persona creyente, prácticamente devota, aparece como elemento muy poco afín a la lectura rebelde y poco convencional que se ha hecho muy someramente en un principio. Más que plantearlo como un problema a solventar basándonos en su corpus teórico, es posible enlazarlo con el contexto histórico expuesto en un principio sobre lo confesional en el Romanticismo. Y es de hecho en la entrada del 2 de septiembre de 1914 cuando se menciona por primera vez una de las obras que más iban a marcar a Wittgenstein en este sentido: “… Ayer comencé a leer los comentarios de Tolstoi a los Evangelios. Una obra magnífica.” La obra en cuestión es El Evangelio abreviado, la relectura de Tolstoi a los Evangelios con la intención de fundar una nueva religión, tal y como lo explica en sus diarios de 1855:  “Ayer una conversación sobre lo divino y la fe me llevó hasta una idea grande, inmensa, a cuya realización me siento capaz de consagrar mi vida. Esta idea es la de fundar una nueva religión acorde con el desarrollo de la humanidad: la religión de Cristo pero despojada de la fe y de los misterios, una religión práctica que no prometa la felicidad futura, sino que dé a los hombres la felicidad en la tierra…”
Con este planteamiento a favor de la praxis puede entenderse que Wittgenstein se fascinara por la obra, dado que en los duros días siendo voluntario en la Gran Guerra las palabras de Tolstoi debieron resonar como un apoyo moral y teórico a sus propias disquisiciones internas. El libro le acompañará durante todo este periodo, siendo su guía espiritual constante a la que echar mano en los continuos momentos de desaliento general. Además de la notable hipérbole que constituye el querer fundar una nueva religión, no es solo este punto un elemento de romanticismo en el sentido laxo y contemporáneo que interesa rescatar aquí. En uno más de la sucesión de eventos atípicos en la vida de Wittgenstein, el dato que recubre mayor interés en relación a esta obra de Tolstoi es tangencial: cómo llegó el Kurze Darlegung des Evangeliums a sus manos. Wittgenstein se había presentado a filas como voluntario, solicitando ir a la unidad más peligrosa de todas, la de los exploradores. Antes de ser destinado a ella, estuvo varios meses a bordo del buque de guerra Goplana patrullando el Vístula, donde se encargaba básicamente del reflector de cubierta. El libro que acabó en manos de Wittgenstein era un volumen doble incluido en la Universal-Bibliothek de la editorial Reclam. Se encontraba en la localidad de Tarnow y dio con un establecimiento que por lo que parecía solo vendía postales. Sin embargo, al entrar, se dio cuenta de que además estaba a la venta un libro, un único libro. Fue pues éste el que compró y el que se reveló como su gran escudo durante toda su época de servicio en la guerra, el que en sus propias palabras en una carta a Ficker “virtualmente me mantuvo con vida”.
Además de la mencionada constante de citar a Dios y encomendarse a él, aparece pronto una segunda que en vista de la primera es como mínimo paradójica: su mala relación con las personas que le rodean. Tanto es así, que son muy frecuentes las expresiones negativas hacia sus compañeros de fatigas, con palabras ciertamente pesadas: “¡La tripulación del barco es una banda de cochinos! ¡De entusiasmo, nada, e increíbles su grosería, su estupidez y su maldad! Por tanto no es cierto que la gran causa común ennoblezca necesariamente a las personas.”; “Otra vez: la estupidez, insolencia y maldad de estas personas no conoce límites. Cualquier tarea se convierte en una tortura.”; “Los mandos son groseros y estúpidos, los camaradas son estúpidos y groseros (con muy pocas excepciones).” ; “Con frecuencia me aparecen, no como personas, sino como máscaras grotescas. Gentuza vulgar. No las odio, pero me dan asco.”; “Mire a donde mire, ordinariez. Hasta donde alcanza mi vista, ¡¡¡NINGÚN corazón sensible!!!”. Si bien es cierto que en el contexto del ejército Wittgenstein podía sentirse muy alejado de sus colegas, por separarles irremediablemente la clase social, la educación, las maneras, etc., no deja de llamar la atención la actitud quejosa y  airada de Wittgenstein al escribir sobre ellos.
Una contradicción más entre su espíritu idealista, su fe cristiana y su voluntad de conectarse a lo primario y terrenal, con su incapacidad por establecer vínculos con los que le rodean. No sólo es la contradicción principal su insistencia intelectual por encontrar “la palabra redentora” y acabar en el silencio de “lo que no se puede decir”, sino también su ida y vuelta entre las reuniones de intelectuales que llenaban la casa familiar en Viena y la reclusión en la casita de madera en el fiordo noruego. De la misma forma su relación con el prójimo es cualquier cosa menos fluida. De hecho, en su segundo intento por dejar de lado los privilegios de su contexto adinerado, tras haber repartido su herencia entre sus hermanos y artistas y escritores necesitados (como “el pobre Trakl”, de cuya muerte de entera en el frente cuando iba a ir a visitarle al hospital en Cracovia), intentará nuevamente bajar al nivel más terrenal sin éxito, cuando trabaja durante un tiempo como jardinero, y cuando comienza a dar clases a niños y obtiene una plaza en un pequeño pueblo, que abandonará más tarde por desavenencias con los padres de sus alumnos. Las habilidades sociales de Wittgenstein aparecen pues bastante precarias, su personalidad sensible e introvertida le convierten en un personaje marginal, que no puede evitar sentirse distanciado de los que le rodean, cosa que no deja de generarle una gran frustración. Hay que hacer notar, sin embargo, que no solo en contextos en los que se veía rodeado de gente que no pertenecía a su clase social Wittgenstein no consigue unirse a sus semejantes. Incluso en su época de intelectual en Cambridge, son habituales sus desencuentros con sus colegas, en este caso debido a polémicas basadas en cuestiones teóricas.
Como ya se ha mencionado brevemente, al morir su padre y heredar la fortuna familiar, Wittgenstein se deshizo de ella, dado lo incongruente de su posesión visto el camino prácticamente ascético que se había trazado. Además de repartir la herencia entre sus hermanos, actuó como mecenas de artistas y escritores como Rilke, Kokoschka, Loos, así como el poeta austriaco Trakl. Éste nunca pudo hacer uso de las 20.000 coronas donadas por Wittgenstein, ya que fallecería en el frente poco después por sobredosis de cocaína. En su diario Wittgenstein anota: “Ficker me ha enviado hoy poesías del pobre Trakl, que yo considero geniales, sin entenderlas.” Hace referencia probablemente a los textos pertenecientes al libro Sebastián en sueño, publicado a finales de 1914, siendo “Al muchacho Elis” uno de ellos:

Elis, cuando el mirlo en el negro bosque llama,
es tu declinar.
Tus labios beben el frescor de la fuente azul de las rocas.

Deja si tu frente sangra suave
antiguas leyendas

y el oscuro sentido del vuelo de las aves.

Pero tú entras con tiernos pasos en la noche
que cuelga cargada de uvas purpúreas,
y más bellos mueves los brazos en el azul.

Un espino suena
donde están tus ojos lunares.
Oh, hace tanto tiempo, Elis, que has muerto.

Tu cuerpo es un jacinto
en el que un monje hunde los céreos dedos.
Una negra gruta es nuestro silencio

de la que sale a veces un manso animal
y deja caer lentos los pesados párpados.
Sobre tus sienes gotea negro rocío,
el último oro de estrellas declinantes.

Wittgenstein declara pues que considera geniales las creaciones literarias de Trakl, pero afirma no comprenderlas. Es este otro punto donde la ambigua relación entre racionalidad e irracionalidad, entre logos e instinto entra en juego: ese gesto adolescente donde uno se deja fascinar por los estímulos que reciben sus sentidos, omitiendo cualquier tipo de análisis intelectual, dejándose afectar por lo desconocido. Como si esto fuera posible, como si estuviéramos compuestos por compartimentos estancos, como si el adentrarse en el conocimiento de las cosas implicara irremediablemente la destrucción de su misterio y, por tanto, de su belleza.
La oposición binaria se vuelve por un momento verdaderamente extrema en Wittgenstein cuando llega al punto de buscar conscientemente la muerte, alistándose como voluntario para combatir en el frente de la Primera Guerra Mundial. Escribe: “Dentro de ocho días marcharemos a la posición de fuego. ¡Ojalá se me permita poner en juego mi vida en una misión difícil.” De hecho, el ser voluntario crea muchos recelos en los que le rodean: “Con pocas excepciones la tropa me odia porque soy un voluntario.” Pero Wittgenstein solo podía ir al límite del asunto, con lo que pronto solicitó participar en la misión más difícil de todas: “Tal vez mañana me incorpore a los exploradores, a petición mía. Entonces comenzará para mí la guerra. ¡Y puede ser que también la vida! Tal vez la cercanía de la muerte me traiga la luz de la vida.” Ser explorador era la tarea más peligrosa en la guerra, la que todos querían evitar a toda costa, ya que éstos debían avanzar en tierra de nadie para conseguir saber las posiciones de ataque del enemigo y así guiar a la tropa en un ataque certero. Wittgenstein parece necesitar este momento para obtener de él una catarsis que le permita seguir adelante: “Es la muerte, y no otra cosa, lo que da su significado a la vida.” De hecho, unos días más tarde escribe: “Fatigas colosales durante el último mes. He meditado mucho sobre todo lo divino y lo humano, pero, curiosamente, no puedo establecer la conexión con mis razonamientos matemáticos.” Al día siguiente: “¡Pero esa conexión llegará a establecerse! ¡Lo que no se deja decir, no se deja decir!” Es pues en esta situación auto-impuesta en la que se fragua, literalmente entre la vida y la muerte, una de las obras cuya vigencia perdura en la contemporaneidad, más allá de su valor estrictamente teórico, como una gesta profundamente humana, con toda su debilidad inherente y a la vez su fuerza de espíritu, la desesperación dulce del vacío y lo imposible. El experimento pareció haber surtido efecto, ya que menos de dos meses más tarde Wittgenstein escribe: “Estamos siendo tiroteados. Y a cada disparo mi alma se estremece. ¡Me gustaría tanto seguir viviendo!”
Si los diarios escritos entre 1914 y 1916 se ven afectados por las circunstancias de la vida de Wittgenstein en el frente y suelen ser híper-sintéticos, repetitivos y sin demasiada elaboración literaria, los que pertenecen a los periodos 1930-1932 y 1936-1937 dan muestra evidente de un cambio en cómo el autor plasma su mundo interior por escrito: las entradas son mucho más largas, a menudo escribe sueños enteros, deja de lado el fechar sistemáticamente cada entrada y en general relata ampliamente los acontecimientos de su vida, extendiéndose a menudo durante varias páginas. Es en estos textos donde se concreta la creación de un personaje, leyendo a Wittgenstein más allá de su peso estrictamente teórico, y dejando paso a la fascinación casi pop que ejerce. Se puede desde este punto – y desde el presente – ver cuál es su atracción, el producto que es de sí mismo, cómo vive de su imagen, cómo se convierte en leyenda e icono, con su audacia teórica y personal. Si el punto de partida teórico en Wittgenstein es: “Lo interesante en la filosofía se muestra, no se dice. Se muestra con el arte. Lo místico está más allá del lenguaje.”, entonces el trabajo de investigación es obvio que se lleve a cabo en los diarios personales, donde Wittgenstein se “muestra”, y éstos constituirían su “producción artística”.
Se entrega Wittgenstein a la literatura en cada entrada, relatando sus cuitas internas de forma a menudo muy visual. Vemos que sigue rebuscando dentro de sí mismo, dándole vueltas al cúmulo de preguntas y dudas que incesantemente le acompañan durante toda su vida, y haciendo cada vez más de él mismo lo que afirma no querer ser, un héroe del abandono: “Pero ese algo (¿se trata del corazón?) lo siento como si fuera cuero & no puede derretirse. ¿O es que soy demasiado cobarde para dejar que la temperatura suba lo suficiente?”; “Tiendo algo al sentimentalismo. Pero nada de relaciones sentimentales. – Tampoco con el lenguaje.”; “Yo, por ejemplo, soy un tipo mezquino, mentiroso & sin embargo puedo hablar sobre las cosas más grandes.”; “«Puedo mentir de tal - o tal modo - pero quizás como mejor lo haga sea diciendo con toda sinceridad la verdad. » Eso me digo a menudo a mí mismo.”; “No puedo (es decir, no quiero) renunciar al disfrute. No quiero renunciar a disfrutar & no quiero ser un héroe. Por eso sufro el lacerante & humillante dolor del abandono.”
Lejos de la trinchera, se encuentra Wittgenstein ahora en un entorno que a priori debiera ser infinitamente más afín, el de Cambridge, uno de los centros de la intelectualidad mundial. Aún así, como ya se apuntó antes, sus relaciones interpersonales distan mucho de ser fluidas. De hecho, apunta siempre problemas similares a su época en la guerra: “En general soy más respetado que querido. (Y lo primero no con razón, naturalmente) mientras que sí habría algún motivo para tenerme cariño.”; “Siempre que se habla con gentes que realmente no le entienden a uno se siente que se has made a fool of oneself, yo al menos. Y esto me sucede aquí continuamente. La elección está entre extrañeza total & esta ingrata experiencia.”; “Hablo demasiado a la ligera. – Mediante una pregunta, una objeción, se me puede inducir a un torrente de palabras. A veces mientras hablo veo que estoy en un agua navegable repugnante: que digo más de lo que pienso, que hablo para divertir a los demás, que introduzco cosas irrelevantes para impresionar, etc. Intento entonces corregir la conversación, reconducirla a una vía más decente. Pero solo viro algo y no lo suficiente por miedo – por falta de valor - & conservo un mal sabor de boca.”
Si el lógico se convierte en creador, ¿cómo aparece el arte en su obra? ¿cómo se entrelazan los diferentes campos por los que transita Wittgenstein en una creación final personal y sin duda artística? En los diarios de este periodo se hace más patente la profundidad que Wittgenstein ha alcanzado en sus reflexiones sobre “todo lo divino y lo humano”: “También en el arte hay personas que creen poder forzar la consecución de su vida eterna mediante buenas obras & otras que se echan en brazos de la gracia.”; “La tarea de la filosofía es tranquilizar el espíritu con respecto a preguntas carentes de significado. Quien no es propenso a tales preguntas no necesita la filosofía.”; “Quien al final no es capaz de dejar en manos de los dioses lo más querido sino que intenta siempre condicionarlo él mismo como sea, ése carece del verdadero amor para ello.”; “En la proposición escrita correctamente se desprende una partícula del corazón o del cerebro & aparece como proposición en el papel.”; “El desesperado es como el niño caprichoso que quiere una manzana. Pero no se sabe normalmente lo que significa romper el capricho. Significa romper un hueso del cuerpo (y hacer una articulación donde no la había).”; “Un alma que vaya más desnuda que las demás desde la nada por el mundo hasta el infierno produce más impresión al mundo que las almas burguesas vestidas.”; “Blanco es también una especie de negro.”; “El puro tiene una dureza que es difícil de soportar. Por eso se aceptan más fácilmente las amonestaciones de un Dostoievski que las de un Kierkegaard. El primero aprieta todavía cuando el segundo ya ahoga.”
El producto inevitable de este proceso solo podía ser la creación de la leyenda. Con la intención más o menos oscura de resituar a Wittgenstein en una cuestión personal, desubicarle, hacerle válido, pertinente fuera de la filosofía. Rescatar de él todo lo que pudiera tildarse de “banal” desde el prisma de la filosofía y la lógica, todo lo “insignificante”, no para elaborar un aspecto humano pseudo-biográfico, no para “entenderle”, para proponer a Wittgenstein como artista romántico. Una vez más en sus propias palabras: “En un horrible estado de espíritu: sin ideas, obcecado, mi trabajo no me dice absolutamente nada & aquí estoy, en el desierto, sin sentido ni finalidad. Como si alguien se hubiera permitido una broma conmigo, me hubiera traído aquí & aquí me hubiera dejado sentado.”; “No hay nadie aquí: & sin embargo hablo & doy gracias & ruego. Pero ¡¿es un error por ello ese hablar & dar gracias & rogar?! Mas bien podría decir: ¡Eso es lo extraño!”; “No hay nadie aquí: pero aquí sí hay un sol magnífico & una mala persona.” Como no podía ser de otra manera, Wittgenstein ya tiene una visión de su propia leyenda, que en sus palabras toma un matiz anti-heroico que precisamente le hace más contemporáneo que nunca: “Si mi nombre pervive sólo será como el terminus ad quem de la gran filosofía occidental. Igual, por así decirlo, que el nombre de aquél que incendió la Biblioteca de Alejandría.”

Bibliografía

Ludwig Wittgenstein: Movimientos del pensar. Diarios. 1930-1932 / 1936-1937
Pre-textos, 2000

Ludwig Wittgenstein: Luz y sombra. Una vivencia (-sueño) nocturna y un fragmento epistolar
Pre-textos, 2006

Ludwig Wittgenstein: Diarios secretos
Alianza, 2008

Ludwig Wittgenstein: Tractatus logico-philosophicus. Introduction par Bertrand Russell.
Gallimard, 1993

Ludwig Wittgenstein: Tractatus logico-philosophicus
Tecnos, 2007

Ludwig Wittgenstein: Investigaciones filosóficas
Crítica, 2008

Ludwig Wittgenstein: Observaciones sobre los colores
Paidós Estética, 1994

Ludwig Wittgenstein: Los cuadernos azul y marrón
Tecnos, 2007

Jacques Bouveresse: Wittgenstein y la estética.
Universitat de València, 1993

M. W. Rowe: Wittgenstein's Romantic Inheritance
Philosophy, Vol. 69, No. 269 (julio 1994), pp. 327-351
Cambridge University Press

Allan Janik & Stephen Toulmin: Wittgenstein’s Vienna
Elephant Paperbacks, 1996

Lev Tolstói: El Evangelio abreviado
Edición de Iván García Sala
KRK Pensamiento, 2006

X. J. Kennedy, Dana Gioia, Mark Bauerlein: The Longman Dictionary of Literary Terms
Longman, 2006

Georg Trakl: Obras completas
Edición y traducción de José Luís Reina Palazón
Trotta, 1994

Tesina para el Master Pensar l’art avui: Estètica i Teoria de l’Art Contemporani
Universitat Autònoma de Barcelona – Fundació Joan Miró
Marzo 2012